
De la nada, todo tenía sentido, todo era lógico y justificado. Las barras bravas tenían razón. “¡¡¡Este Rubén es un pelotudo, no puede ser tan burro, no puede ser tan burro!!!”. No puede ser que esté jugando al fútbol. Hay que matarlo. ¡Hay que matarlo!
De pronto, casi de la nada, me di cuenta de lo que hacía. Terminé de gritar. Miré a mi alrededor y me di cuenta que no podía estar haciendo lo que hacía. Me tranquilicé. Apagué la tele y bajé a sacar a pasear al perro. El clásico no estuvo mal, pero me enganché demasiado.
3 comments:
A bueno... lo único que me faltaba...
No te quejes. Yo no lo pude ver por trabajar en un suplemento deportivo. Incongruencias del periodismo
Contáselo a Rossi. Quizá le sirva como testimonio para abandonar el consumo adictivo.
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