Saturday, July 18, 2009

Nudo

No recuerdo quién me enseñó a hacerme el nudo de la corbata. No fue mi padre. Tengo muy pocos recuerdos de él, y dentro de ellos no entran sus enseñanzas sobre corbatas… Fue una mañana, cuando ya me había ido a vivir solo a un apartamento cerca de mi vieja casa, cuando Julia me preguntó eso.

- ¿Quién te enseñó a hacerte el nudo?

Empecé a usar corbata cuando comencé a trabajar. Nunca antes la había usado salvo para casamientos o fiestas de quince. Sin embargo siempre supe cómo hacer el nudo. La primera vez que Julia me vio ponerme la corbata, ella se acercó como cumpliendo con una tarea y comenzó a armar el nudo. Yo le quité la mano y le dije que podía solo.

- ¿Nunca antes te había visto usar corbata?
- Es lo que tiene trabajar.
- ¿Y cómo sabes hacer el nudo?

Con Julia las cosas siempre tambaleaban. Yo la amaba, claro. No por su cuerpo particularmente. Tenía un cuello demasiado corto que no tenía mucho que ver con su largas piernas. Era más alta que yo, lo que produjo ciertas burlas por parte de mis amigos durante algunos meses. Pero cuando vieron que la cosa se ponía seria, es decir, nos fuimos a vivir juntos, terminaron los chistes. Creo que lo que más me llamaba de ella era su piel. Acariciarla era como si se estuviera rozando una suave seda. Recorrer sus curvas era una aventura interminable… No toleraba cuando ella se ponía en plan de periodista y comenzaba a indagar en lo que fuere...

Ese mismo día su pregunta sobre la corbata no me molestó, pues a mí también me dejó pensando. Jamás antes me había cuestionado cómo y por qué ese pedazo de tela llegó a apretarme el cuello. Julia lo miró con extrañez. Luego levantó sus ojos marrones y yo la miré como con ganas de pasar toda la mañana en la cama con ella.

- ¿Quieres que lo arregle?
- No. Es tarde y voy a perder el ómnibus.

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